Exige certificaciones de programas oficiales del fabricante o restauradores con estándares auditados, y solicita número de serie rastreable. La procedencia importa: lotes corporativos, devoluciones de escaparate y garantías extendidas suelen indicar mejor trato previo. Pide informes de diagnóstico impresos, fotos reales del equipo y factura con datos completos, no capturas borrosas ni garantías ambiguas.
Los grados A, B o C deben describir rayones, golpes y desgaste con métricas y fotos macro, no solo adjetivos. Un grado A confiable acepta microseñales mínimas, jamás grietas. Compara descripciones entre tiendas y verifica que el estado cosmético coincida con marcos, pantalla, puertos y tornillos, pues ahí suelen esconderse reparaciones mal hechas.
Solicita capturas de pruebas de CPU, GPU, disco y sensores, junto con resultados de batería y temperatura. Apps como 3DMark, Geekbench o diagnósticos nativos brindan datos replicables. En portátiles, pide test SMART del SSD o HDD, verificación de píxeles muertos y estrés térmico controlado. La ausencia de pruebas es una señal roja contundente.