Una torre estable de libros gruesos, una caja de madera firme o un estante pequeño pueden elevar tu monitor con precisión milimétrica. Prueba alturas distintas durante dos días y anota sensaciones en cuello y ojos. Realiza la prueba del balanceo: si al teclear la pantalla vibra, refuerza la base con una tabla ancha. Con cinta antideslizante, el conjunto gana seguridad. Ajusta también la inclinación para mantener el horizonte visual relajado.
Coloca la mesa perpendicular a la ventana para evitar reflejos directos, regula persianas y añade una lámpara de escritorio con brazo flexible. Un filtro mate económico reduce destellos sin enturbiar el texto. Baja el brillo por la mañana y súbelo al atardecer, priorizando contraste claro y tipografías nítidas. Marta, editora fotográfica, pasó de dolores de cabeza diarios a uno semanal solo reorientando la lámpara y alejando la pantalla seis centímetros.
Sitúa la pantalla a la distancia de un antebrazo extendido, con ligera inclinación de 10 a 20 grados para que la mirada caiga naturalmente. Activa escalado del sistema operativo y aumenta tamaño de letra en aplicaciones clave; ver mejor es más barato que forzar la vista. Evita colocar documentos frente al teclado; usa un portadocumentos improvisado entre teclado y pantalla con una carpeta dura. Cada centímetro ahorrado reduce torsiones del cuello.